SILENCIO

Extraño tus palabras
como las flores marchitas
echan de menos las caricias del rocío.
 
No se si podré soportar
el suplicio del silencio
que anula con su hosca sordera
mis lamentos.
 
Abro ansioso
el sobre de la incógnita
y solo encuentro
el mensaje de la nada.
 
Ya no hay siquiera
una  respuesta obtusa
a esta noche
que en su insulsa soledad
me ata y mata.
 
La tristeza
firmó un decreto
y ha instaurado
una despreciable dictadura
en mis adentros.
 
La pérfidia
celebra mi derrota,
mientras yo náufrago,
bebo mis lágrimas
con la herida de tus besos
y mi eterna copa rota.
 
Ago, 07, 2010
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VOLVIENDO A VIVIR

¿Estoy feliz?
¿0 acaso con tristeza celebrando?
¿o quien sabe
tratando de solaparme en la indiferencia neutra de una esquina?
 
¡Qué confusa sensación
me causó ese olor a mortaja inusitada!
Ese cáustico dolor que carcomía.
Esa noticia que se veía venir y aletargaba.
el  necio roedor que te mordía.
 
Yo no disfruto
con la miseria que a otros seres martiriza,
porque mi espíritu
sin fétida carroña  se alimenta.
Cuando los pasos
se parten en dos con insulto al  separarse
saben que el jamás les prohibirá juntarse,
y algo se muere en este vértice suicida
con un luto de silencio y despedida.
 
Entonces hay que esperar
que el fuego lentamente se consuma,
desechar el menguante
y aferrarnos al creciente de la vida;
y cuando  la ceniza respire indefensa,
fértil, dormida y fría
la semilla germinará y crecerá en  libertad  y algarabía.
 
La torpeza hundió tu vida buena
en un charco inmundo de congojas
Permíteme ser el sepulturero
de esa garra  insidiosa y homicida
y para que la belleza y bondad
se conserven cual  tesoro incólume,
me convido ser el guardian  y jardinero de tu vida.

Ago, 11, 2010

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LOS INVIERNOS

Con gruñidos altísonos
maldecimos la oscuridad gris de los inviernos
que con su peremne y gélida fetidez
invade  la indefensa intimidad de nuestros huesos.
Cómo aborrecemos a la niebla
fastidiosa y fatigosa
que no nos deja ver mas allá
de nuestra desnuda soledad y sus minucias.
Pero si no fuera por ellos
¿Con quién compararíamos la brillantez de las auroras?
¿el verbo de los pájaros, la luz en la retina?.
¿la flor que nos tranforma de amor y se ilumina?.
Déjalo que se vaya,
y se lleve consigo su abrigo amargo,
su cotidiana incoherencia,
para que tu puedas abrir la libre ventana de tu vida
por donde mi vida penetre y cante
y tu vientre se transforme en una ígnea fuente de pasión  alucinante.
Con gruñidos altísonos
maldecimos la oscuridad gris de los inviernos
que con su peremne y gélida fetidez
invade  la indefensa intimidad de nuestros huesos.
Cómo aborrecemos a la niebla
fastidiosa y fatigosa
que no nos deja ver mas allá
de nuestra desnuda soledad y sus minucias.
Pero si no fuera por ellos
¿Con quién compararíamos la brillantez de las auroras?
¿el verbo de los pájaros, la luz en la retina?.
¿la flor que nos tranforma de amor y se ilumina?.
Déjalo que se vaya,
y se lleve consigo su abrigo amargo,
su cotidiana incoherencia,
para que tu puedas abrir la libre ventana de tu vida
por donde mi vida penetre y cante
y tu vientre se transforme en una ígnea fuente de pasión alucinante.

Ago, 10, 2010

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LAS ALAS

De niño cada noche conversaba

y me enojaba con la luz de la llama de una vela silenciosa,

cuando veía impotente quemarse

la inocencia del vuelo de las mariposas,

entonces mi dolor se escurría  por mis pómulos

como la cera derretida en sus orillas.

 

Imploraba a ese fuego

tentador, matrero y cautivante,

que deje en paz a esas alas indefensas,

pero él juguetón y en contubernio con una tormenta resabiada,

lanzaba con su garfio certero en su manotazo de verdugo:

su funeraria cólera.

 

Ya no quiero ser el niño

derritiéndome en mi pena solitaria,

Y verte derrotada, caída,

envuelta en las cenizas de tus alas chamuscadas,

Yo seré el que me adelante a la  bofetada traicionera

y de un tajo atajar la estocada de esa lengua venenosa que te quema.

 

Apagaré el maligno recuerdo del maltrato

sembrando tu jardín de alegría y colores

y serán mis letras y mis musicales notas

las que harán de tu corazón una sacra vasija rutilante.

 

15/ agosto/10

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ESPERA

Espera

palabra con sabor a escalera.

Espera

constante ingrata

que desmorona el poco tiempo que nos queda.

Espera

presagio absurdo

que hace grietas mi loco palpitar y mi ciguera.

Espera

donde puedo ser y no ser

un libre presidiario o un  cautivo centinela.

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MIS DIAS EN LIMA

En estas últimas  noches

me he sentido como un pez sin agua

revolcándose en la arena,

con un arisco oxígeno indigesto,

con mis ojos locos,

calcinados, descompuestos.

Y en las mañanas

un ardor pegajoso en la garganta,

me ha despertado flajelándome.

Ojala el sabor a agria ceniza se diluya

y acaso pueda tener en este día,

un poco de sociego,

algo que sepa a bondad

y quien sabe

una mínima porción de  buena suerte.

Tengo una gana enorme

de huir despavorido,

pero mis alas rotas y una pata coja

me detienen y tienen atrapado

en esta oferta vacua,

a la espera que caiga la gota de la incognita

y reviente la burbuja del:¡ quién sabe!

y del: ¡ no pasa nada!.

Regresar con las manos sin cosecha,

triste, enjuto, derrotado,

me da mucho temor y desconcierto.

Se que encontraré sonrisas y corazones

que me aman mas allá de los fracazos,

como un bálsamo tibio,

como humilde gotera salvadora

sobre esta árida soledad enervante y displicente.

Fue iluso pensar

que esta ciudad desapacible

que siempre no me quiso,

no me iba a magullar  con su latigo infame,

con su amarga saliba y sus escupitajos.

Ahora me ha empujado

al borde de mis lágrimas,

consumido y respirando

un tiempo que  sabe a óxido y desgano.

Dicen que hay un último minuto,

ese minuto de luz

en el que por seguro

todos los condenados piensan.

Ojala ahí en esa clave de tiempo

encuentre una  balza

que me  guie a buen puerto

o a ese mar abierto

desde donde pueda seguir remando

hasta una  orilla bondadosa

o me lleve hasta la lápida mortuoria

donde en podridos perfumes

están feneciendo mis ilusiones y mis sueños.

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TU VOZ

Me tienes colgado de la angustia,

crucificado, contando  incontables segundos… tiritando.

El tiempo es una trampa

una jaula inmunda que me asfixia.

Por  verdugo hay un tic tac  con un filudo chillido…amenazando.

No tengo a donde ir

no encuentro donde correr a refugiarme.

Estoy solo y sólo espero el eco de tu voz para salvarme…

anhelando…padeciendo…suspirando.

Al principio no sabía volar. Las alas que se había fabricado resultaron, toscas, torpes, exageras, demasiado pesadas para su esmirriado cuerpecito de pájaro enjaulado. Pero necesitaba huir; alejarse, volar si era posible, más allá del último confín de la más lejana estrella. Por eso, con el tiempo, decidió  dar los primeros aletazos. Y aprendió, la perfecta manera de volar, con infinita paciencia y a tropezones. Es decir, imitando el mejor vuelo que había observado, muchas veces extasiado, en sus largas caminatas  en medio de la espesura del inmenso bosque solitario. Logró hacerlo como lo hace un colibrí, el más ágil de todos los pajarillos voladores que  hasta hoy él había conocido (lo conoció con el nombre de picaflor, Q’inte o Q’ente ).

 

Así que, en cada intento su vuelo iba mejorando, el tiempo de permanencia en el aire, aumentando la altura, los detalles, las acrobacias. Pero también los escenarios, la visión desde arriba, la felicidad de saberse volador como nadie y para siempre. Pero lo más hermoso era que todos los vuelos empezaban, como en sueños,  con la misma secuencia, de la misma manera, en el mismo orden de cosas, e iban progresivamente aumentando, como episodios continuados, enriquecidos, de una misma novela mil veces ensayada, reescrita, recompuesta, mejorada.

Las primeras veces se vió a si mismio volando sobre máquinas de escribir, computadoras, escritorios, teléfonos, proyectos por archivar, lápices, lapiceros, sellos, estampillas, pisos brillantes todos los días encerados. Luego amplió su vuelo a bellísimos escenarios naturales: maizales, cerros, valles, quebradas, ríos, bosques, pajonales y papeles archivados. Y así fue incorporando, uno a uno, nuevos y más fantásticos escenarios. Agregó animales, toros y vacas pastando en las invernas; perros y gatos corriendo en desolados, jugueteando, peleando entre sí, sangrándose, sosegándose, volviéndose a pelear y desafiándose de nuevo. Hasta que, finalmente, logró hacerlo sobre humanos. Inmensas concentraciones de personas  que a él le parecieron harapientas, miserables, con las uñas largas, con la barba grande e infesta. Hormigas que hormigueaban en espacios grandes pero que resultaba siempre estrechos para tantos. Despojos inconfundibles de antiguas elegancias que se consumieron con el temporal de la infamia, con el odio, la venganza, con la envidia, el chisme, con la gula y la ignorancia.

 

Desde arriba él los miraba cada vez con menos enojo, menos rabia, con compasión y tolerancia. Y, aunque al principio le dolieron las miradas disimuladas, las de reojo, las de soslayo, poco a poco le fue siendo totalmente indiferente. Y, aunque al principio se dio cuenta que la gente se alejaba, cambiaba de acera, se ponía a la defensiva, se asustaban, poco a poco decidió que le importaban menos que nada. Fue cuando aprendió a mirar lo que siempre había querido mirar y a escuchar lo que quería que sus oídos escucharan. Fue cuando, finalmente, se dio cuenta que él era el amo, el señor, el rey, el único, el perfecto,  es decir el pacífico mandamas. Que la música sonaba cuando él quería que sonara y de la forma que a él le agradaba. Que la gente se paraba cuando él quería que pararan o caminaban, corrían y volaban a su entera voluntad. Nunca fue tan feliz, ni nunca imaginó que se pudiera lograr ese equilibrio a un nivel tan alto y de manera tan perfecta.

 

Por eso fue que, cuando la gente no entendió, ni entendería jamás, lo que sólo él podía discernir respecto a lo que había logrado; que le hacía tan feliz; simple y llanamente, todos, absolutamente todos, escupieron como una bola de terror y de desprecio un grito con un eco consecutivo y cruel: loco!.corran que ahi viene el Loco!. Pero él seguia volando desde una esquina a la acera opuesta y viciversa, ignorándolo todo,sonriendo, mientras la multitud corría a esconderse desesperada, temerosa, porque quien sabe,  esa locura sea como una peste clandestina y contagiante, apocalíptica, arrasadora, que nadie , absolutamente nadie, podría evitar.

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